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Historia

De Gutenberg a su oficina: por qué imprimir cuesta lo que cuesta

Seis siglos separan la primera imprenta de la máquina que tiene al lado. Entender ese recorrido explica, mejor que cualquier catálogo, dónde se le va el dinero cada mes.

Lectura de 6 min · LR Suministros

Grabado histórico de una prensa de imprenta
Imagen: Printing press — John Farey, Public domain vía Wikimedia Commons
El problema, tal como pasa

Usted no quiere una lección de historia: quiere saber por qué un frasco de polvo negro cuesta lo que cuesta un mercado. La respuesta está en cómo se construyó este negocio, y en un giro muy concreto que ocurrió en los años setenta.

1440: el costo estaba en el molde

Cuando Johannes Gutenberg puso a funcionar su prensa de tipos móviles hacia 1440, el gasto grande era el montaje: fundir los tipos, componer la página, ajustar la prensa. Una vez armado el molde, cada copia adicional costaba casi nada.

Esa lógica —caro empezar, barato repetir— gobernó la impresión durante cinco siglos. Y es exactamente la lógica que se invirtió después.

1969: un ingeniero al que casi despiden

En 1969, en el centro de investigación de Xerox en Webster, Nueva York, el ingeniero Gary Starkweather tuvo una idea: usar un láser para «dibujar» la imagen sobre el tambor de una fotocopiadora. Modificó una copiadora Xerox 7000 y lo consiguió.

Sus jefes le pidieron que parara. Llegó a estar amenazado con el despido antes de lograr que lo trasladaran al nuevo laboratorio de la compañía y le dejaran seguir. Su primer prototipo imprimía a una página por segundo —una velocidad inaudita entonces— con calidad tosca pero legible.

En 1977 Xerox lanzó la 9700, que se convirtió en uno de sus productos más vendidos. La impresión dejó de ser un oficio de talleres y entró a las oficinas.

Operaria junto a una impresora láser Xerox 9700 (1977)
Imagen: Woman with Xerox 9700 printer — Xerox, Public domain vía Wikimedia Commons

El giro: el dinero se mudó al consumible

Al masificarse el equipo, el margen se corrió de la máquina al insumo. El aparato se volvió accesible; el polvo y el líquido que lo alimentan, no.

Es el modelo de «la cuchilla y las hojas de afeitar» aplicado a la impresión: el gasto ya no está en empezar, como en tiempos de Gutenberg, sino en cada página que usted repite.

Por eso el número que gobierna su presupuesto no es el precio de la impresora ni el del cartucho: es el costo por página. Y por eso comprar consumibles bien —rendimiento real, precio por página, proveedor que responda— es la única palanca que le queda del lado de usted.

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Fuentes

  1. National Inventors Hall of Fame — Gary K. Starkweather, inventor de la impresora láser
  2. Computer History Museum — Historia oral de Gary Starkweather
  3. Xerox 9700 — ficha histórica del equipo

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